martes, 17 de junio de 2014

Sobre control y alternancia en el poder



En la antesala de elecciones presidenciales, nuevamente vemos como se banaliza la política, en este escenario si uno es crítico con el poder de turno, sin reparos, los acólitos del régimen, lo tildan a uno de facho y de ser operador de la derecha, en su defecto, si uno es condescendiente con orden establecido, también rápidamente es acusado de ser militante de las filas del socialismo autoritario que hoy gobierna con puño de hierro al país.

Lamentablemente no suele haber cabida para puntos intermedios y equis distantes, lo cierto es que tanto el oficialismo como la oposición, han incurrido e incurren frecuentemente en prácticas autoritarias y eventualmente fascistas, sin embargo, quien tiene mayor capacidad de ejercer su poder de manera implacable es el oficialismos, sus herramientas son; sistema de premios y castigos para romper las filas opositoras, movilización de recursos para comprar conciencias, aprovechar la oportunidades políticas para descabezar a la oposición (caso terrorismo, destitución inconstitucional de autoridades electas, etc.) y concentración del poder el órgano ejecutivo, con lo que se elimina o neutraliza el sistema de frenos y contrapesos, además del poder de veto de la minorías.

Cabe reflexionar que mientras los unos son orgullosos de su línea de pensamiento liberal, los otros son de discurso neo-nacionalista e izquierdista, pero su ejercicio de la política es un blend (mezcla) de las practicas de la derecha intolerante y de la izquierda stalinista, los fachos, acusan de ser fachos a terceros; ¿qué tal esa…?

El ejercicio democrático del poder debemos  aceptarlo el menor de los males, sobre este punto mi horizonte u ideal "individual" es el Übermensch (súper hombre) de Nietzsche, que plantea el autocontrol del individuo, fenómeno que como bien social es una utopía irrealizable a la que nadie en sus más salvajes sueños de apostar, y que como actitud individual es medianamente alcanzable, ya que somos humanos, demasiado humanos.

Al respecto, el filósofo Luís Villoro (Barcelona, 1922 – Ciudad de México, 2014) reflexiona lo siguiente: el fin último del poder es la abolición del poder impositivo, mientras no pueda lograrse, su propósito es limitar y controlar el poder existente. Si ha de ser fiel a sí mismo, el contrapoder no puede reemplazar un poder por otro, ni oponer una a otra violencia. Sin embargo, ante la resistencia del poder, a menudo mina sus actos. De resistencia contra el poder a nombre de un valor, se transforma en un poder impositivo más. Entonces se niega a sí mismo y deja libre el curso al círculo de la violencia. Por mi parte, creo que todo poder debe de ser vigilado y alternado.


Texto: Romano Paz

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