viernes, 8 de marzo de 2019

Raza de corredores


Corremos tal cual lunáticos que pretenden burlar al dios del Averno.
¡Qué! ¿Acaso es posible evitar el sueño eterno con la pálida dama?
Corremos desde que fuimos despojados de nuestro paraíso arbóreo,
primero corrimos porque nos invadía el pánico, luego porque invertimos los roles.
Tal vez corremos para escapar de nosotros mismos,
de las desventuras en este lienzo finito que llamamos vida.
Corremos para disfrutar el viaje y el paisaje.
Corremos para palpar la inigualable sensación de ser libres.
Corremos para explorar el horizonte y nuestros propios límites.
Corremos para alcanzar la tan ansiada meta.
Corremos para disfrutar la gloria de Sísifo en la cúspide de la montaña,
e inevitablemente precipitarnos al abismo insondable del eterno retorno,
recordando así que toda gloria es efímera, el único eterno es el tiempo.
También corremos para recordar que somos simples mortales,
humanos, demasiado humanos.  
Corremos porque en la llanura de Maratón enfrentamos la aniquilación,
y gracias al beneplácito de Atenea, contra todo pronostico; vencimos.
En aquella infame encrucijada, para celebración de toda la humanidad,
encendimos la llama de la gloria eterna.
Corremos porque somos griegos. 

Texto: Romano Paz