jueves, 24 de febrero de 2011

Monólogo del espíritu de la libertad


Oh… sí, claro que recuerdo aquellas épicas circunstancias, fueron las primeras imposturas totalitarias que tuve el honor de catar; una hermosa infancia, ojalá sea un eterno retorno, ya que me resultaba muy divertido y gracioso ver cómo la obra máxima del divino creador de este universo infinito, se postraba en señal de adoración ante un pedazo de piedra. Eso sí, vi mi sangre derramarse, en otras ocasiones mi corazón palpitante y rebosante de vida saludar al sol mientras este lo observaba todo incrédulo, él deseaba que llegue la noche, deseaba que llegue la maldita noche, o tal vez que una fugaz tormenta le nuble la vista, para no tener presenciar semejante ataque contra la razón, pero aquel era solo el comienzo de una consternada historia

No, no, no… no te preocupes, no hace falta cambiar el tema, desde mi nacimiento supe que mi voluntad era más dura e inquebrantable que el mejor de los aceros forjados por vosotros, además soy tan promiscua que la sola idean de “rencor” me resulta una utopía, es que caer en cualquier tipo de dogma humano, sería negarme mí propia existencia, ser en palabras de un compañero; algo “demasiado humano”. Oh, por supuesto que esos enajenados individuos no me sacrificaban en nombre de aquellas bellas obras de arte (las que hasta la fecha me parecen muy bonitas), ni tampoco ellos las consideraban divinas, solo se trataba de mecanismos ideológicos y coercitivos para idiotizar al ser humano e impedirme el acceso a la mente y los corazones de aquellos eternos amantes míos, justamente hoy nos encontramos reunidos en la cima del monte Olimpo para ser contemplados por los rayos del alba, oh miserable Sol, que hubiera sido de su existencia, si no estuviéramos nosotros para recibir tu adoración cada día.

Hablas con mucha propiedad al decir que la tiranía humana puede ser brillantemente estúpida, pero aquel ejemplo que me citas no es de los más representativo, como dato te puedo decir que todavía tengo fresco en la retina aquel fatídico momento, recuerdo que en aquella plaza me asesinaron tantas veces, que desafortunadamente no pude llevar la cuenta, y es que no importa si fueron cientos o miles, es lo menos, no se ha inventado todavía un arma capaz de eliminar un espíritu de mi envergadura, y es que el simple hecho de que exista un término que trate de ponerme límites conceptuales, resulta un atentado contra mi voluntad profana.

Claro está que a mis más apasionados amantes les han pasado cosas bastante peores, imagínate que promovido por dogmas autoritarios, en ciertas ocasiones han llegado a difamarme como extraviada y desorientada, y es que a pesar de que camino entre vosotros, muchos afirman que deambulo como una sombra zigzagueante por vuestros senderos y son mucho los impostores que hablan en mi nombre, mientras me calumnian afirmando que me encuentro ”desaparecida”; yo les revelo como una rayo en silencio que soy la libertad misma y que su escala humana del tiempo no me afecta, ya que soy un espíritu inmutable y eterno.

Autor: Romano Paz
Fuente: http: http://www.madridiario.es/jorgejuan/noticia/2010/diciembre/opinion/paz/110966/

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